Ehhh..., mmm..., sí, claro que sí. No sólo existe, sino que es ahora cuando realmente empieza. Han sido varias semanas duras, de gran desgaste. Ahora estoy en una buhardilla, con una conexión pirata y escuchando a Soul Tellers. Y nada me parece real. Como si estas semanas no hubieran pasado por mi vida y todos los agobios y nervios propios de una época de exámenes pertenecieran a un pasado remoto. Qué sabia es la mente.
En este paréntesis, en que casi he vivido aislado del mundo, apenas me he enterado de lo que sucede a mi alrededor. Todo va tan de prisa que unos días desenchufado de la actualidad te sumergen en la desinformación más absoluta. Y, de vez en cuando, se agradece.
Aunque, de todo lo que sucedía (la Expo, la Eurocopa, los mil y un desastres a lo largo y ancho de este enloquecido mundo...), sólo me han sacado de mi retiro un par de cosillas. Lamentablemente son de política, qué jodida es la mente.
Me ha llamado -y poderosamente, además- la atención algo que ya se está convirtiendo en costumbre para este ejecutivo: el de negar la realidad y utilizar los más variados eufemismos para eludir nombrar con precisión lo que ocurre. ¿Alguien ha olvidado la retahíla de sandeces que se utilizaron por evitar el término trasvase? Con lo sencillo que es. Trasvase, trasvase, trasvase. Ni captación puntual de recursos hídricos ni milongas, oiga. Llevar agua de un lugar a otro, en esta tierra, siempre se ha denominado trasvase. Paralelo a este bochorno lingüístico y dentro de mi retiro, he escuchado desde la lejanía que estamos en un proceso de desaceleración, en un período de dificultades objetivas (?), y no he podido más que sonreír. ¿Tan difícil es admitir que hay una crisis? Es muy sencillo: crisis, crisis, crisis. Es como si hubiera un campo de fuerza invisible alrededor de la palabra y ningún socialista la pudiera pronunciar, como si se hubiera desterrado de nuestro diccionario. ¡Muere maldita palabra!, ¡muere!
Pero si algo me ha llegado al alma ha sido el discurso de la ministra Aído, donde por error se dirigió a los miembros y miembras de la comisión. ¿Hasta dónde va a llegar la estupidez por la paridad? Pero no se queda ahí, que ya sería suficiente desatino, sino que propone incluir el palabro en la nueva edición de la RAE. Un poco de respeto, menestra. No sé a las gentes del mundo, pero a mí, como filólogo, todavía me chirrían los oídos. Salió, como no podía ser de otra forma, a defender la dignidad de nuestra lengua y a poner las cosas en su sitio, el académico Gregorio Salvador .
Lanzo una pregunta a la ministra: a partir de ahora, y desde la igualdad, paridad y bla, bla, bla, cuando un joven termine la carrera de periodismo, ¿será un periodisto?
En este paréntesis, en que casi he vivido aislado del mundo, apenas me he enterado de lo que sucede a mi alrededor. Todo va tan de prisa que unos días desenchufado de la actualidad te sumergen en la desinformación más absoluta. Y, de vez en cuando, se agradece.
Aunque, de todo lo que sucedía (la Expo, la Eurocopa, los mil y un desastres a lo largo y ancho de este enloquecido mundo...), sólo me han sacado de mi retiro un par de cosillas. Lamentablemente son de política, qué jodida es la mente.
Me ha llamado -y poderosamente, además- la atención algo que ya se está convirtiendo en costumbre para este ejecutivo: el de negar la realidad y utilizar los más variados eufemismos para eludir nombrar con precisión lo que ocurre. ¿Alguien ha olvidado la retahíla de sandeces que se utilizaron por evitar el término trasvase? Con lo sencillo que es. Trasvase, trasvase, trasvase. Ni captación puntual de recursos hídricos ni milongas, oiga. Llevar agua de un lugar a otro, en esta tierra, siempre se ha denominado trasvase. Paralelo a este bochorno lingüístico y dentro de mi retiro, he escuchado desde la lejanía que estamos en un proceso de desaceleración, en un período de dificultades objetivas (?), y no he podido más que sonreír. ¿Tan difícil es admitir que hay una crisis? Es muy sencillo: crisis, crisis, crisis. Es como si hubiera un campo de fuerza invisible alrededor de la palabra y ningún socialista la pudiera pronunciar, como si se hubiera desterrado de nuestro diccionario. ¡Muere maldita palabra!, ¡muere!
Pero si algo me ha llegado al alma ha sido el discurso de la ministra Aído, donde por error se dirigió a los miembros y miembras de la comisión. ¿Hasta dónde va a llegar la estupidez por la paridad? Pero no se queda ahí, que ya sería suficiente desatino, sino que propone incluir el palabro en la nueva edición de la RAE. Un poco de respeto, menestra. No sé a las gentes del mundo, pero a mí, como filólogo, todavía me chirrían los oídos. Salió, como no podía ser de otra forma, a defender la dignidad de nuestra lengua y a poner las cosas en su sitio, el académico Gregorio Salvador .
Lanzo una pregunta a la ministra: a partir de ahora, y desde la igualdad, paridad y bla, bla, bla, cuando un joven termine la carrera de periodismo, ¿será un periodisto?




